alojamiento wordpress
Inicio » El periodista » La lacra del corta y pega en el periodismo de hoy en día
La lacra del corta y pega en el periodismo de hoy en día

La lacra del corta y pega en el periodismo de hoy en día

En los últimos años, sobre todo desde la explosión de Internet, me he acostumbrado a leer noticias y textos que he podido encontrar sin apenas variación en distintos medios de comunicación al mismo tiempo. La práctica del corta-pega -o copypastear, como he podido ver en alguna ocasión- se ha extendido de tal forma por las redacciones que hasta periodistas que he considerado buenos profesionales han caído alguna vez en sus garras.

Reproducir un texto ya escrito por un tercero es rápido, sencillo y, en la mayoría de los casos, gratis. Sólo hay que pulsar un par de teclas para dotar de contenido, como por arte de magia, a un documento hasta ese momento inmaculado. En más de una ocasión he oído a algún redactor jefe defender esta práctica con un razonamiento poco válido y, me atrevería a decir, indigno: si alguien ya se ha tomado la molestia de escribirlo, y el texto está bien hecho, ¿para qué me voy a molestar en volver a hacerlo?

El uso de este recurso es absolutamente indefendible, por mucho que algunos compañeros se hayan escudado en la falta de tiempo para echar mano de sus bondades. En los últimos cinco años, el tamaño de las redacciones se ha encogido de manera alarmante, lo que ha contribuido a un considerable aumento de la carga de trabajo. En la coyuntura actual, muchas editoriales dan más valor a la cantidad que a la calidad, un cambio de tendencia que ha allanado el camino para el copia-pega. Son muchos los periodistas que están obligados a entregar enormes cantidades de material en tiempo récord, y esto no sólo ha contribuido a la expansión de esta técnica, sino también a un menor contraste de las fuentes, sin nombrar la casi desaparición de una edición concienzuda del texto.

Todos estos problemas a los que se enfrenta la profesión -que bien merecen un capítulo independiente- no son excusa para defender esta práctica. El corta-pega es un fraude. Supone una falta de respecto para el verdadero autor de la obra y para el lector, al mismo tiempo que supone un duro golpe para la credibilidad del medio o para la imagen de la compañía, en el caso de textos para empresas no periodísticas. Pero además de todo ello, el propio periodista se arriesga a poner en entredicho su propia reputación como profesional. Con Internet es sencillo rastrear un texto, encontrar la fuente original y menoscabar la imagen del plagiador. Si nuestros mayores ya decían que antes se coge a un mentiroso que a un cojo, con las nuevas tecnologías este proceso de captura se reduce a pocos segundos.

En los últimos años he podido apreciar cómo Google penaliza de manera dura esta práctica en su buscador. Hace pocos meses, hablando con un compañero, conocí su experiencia con un sitio web informativo que fue directamente expulsado de las páginas de resultados por copiar sistemáticamente información de comunicados de prensa y agencias. Tras este episodio, la dirección editorial del medio no tuvo más remedio que cambiar de política y potenciar la elaboración de su propio contenido. A pesar de este cambio de mentalidad y de varios meses de duro trabajo, el sitio web en cuestión todavía no ha conseguido ni la valoración ni la notoriedad anteriores al bloqueo, lo que se ha traducido en una reducción más que notable de su facturación por publicidad.

Por lealtad hacia los lectores, rentabilidad e imagen, todo buen profesional está obligado a elaborar sus propios textos, aunque este esfuerzo suponga horas extra en documentación, redacción y edición. Si no existe esa voluntad, lo mejor es dedicarse a otra cosa.