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¿Pero yo estudié periodismo para esto?

¿Pero yo estudié periodismo para esto?

Nada de preguntas incómodas. Nada de periodistas “quisquillosos”. Nada de cuestionarse las cosas. Nada de poner en duda algo. Nada de confirmar hechos. Nada de verificar datos. Nada de contrastar fuentes. Nada de explicaciones sobre cuestiones que afectan a todos. Nada de dar la cara. Nada de nada. Nada de periodistas trabajando. En definitiva, ni rastro de periodismo.

Este panorama es el que promulga nuestro Gobierno. Silencio. Prohibido hablar de cuestiones que les incomodan. Prohibido hacer periodismo en España. No estoy haciendo distinción entre el mal o el buen periodismo. Hablo de hacer o no hacer periodismo. De poder desarrollar una profesión como otra cualquiera. Aquellos que pactan preguntas con su entrevistado no hacen periodismo.

¿Qué hacer ante esto? ¿Pedir a los jefes que no nos manden a esas falsas ruedas de prensa? ¿Esperar que salga de ellos no mandarnos? ¿Qué hacemos en las universidades? ¿Qué enseñamos a los futuros profesionales de la comunicación? ¿Qué es ya el periodismo en este país? ¿Qué papel tiene ante tanta barbarie? ¿Se puede seguir justificando al periodismo que cubre estas farsas bajo el miedo de perder un puesto de trabajo cuándo RTVV se cerró finalmente a pesar de haber callado, por parte de algunos, los abusos y las manipulaciones sufridas? ¿Nuestro silencio y sumisión nos va a salvar del paro? Si esto es justificable ¿Podemos seguir diciendo que el periodismo es necesario para el buen funcionamiento de una democracia? ¿Podemos pedir a los ciudadanos que compren nuestros periódicos, que consuman nuestros medios, que escuchen nuestras emisoras?

Yo estudié periodismo para contar lo que veo, para decir las cosas tal y como son, para no caer en viciosas rutinas, para crear opinión basada en hechos veraces y contrastados, para que la sociedad pueda participar en lo que le concierne, para tomar partido y no transcribir meras declaraciones, para vivir la historia en directo, para incomodar con preguntas, para cuestionármelo todo y dudar de muchos. En definitiva, para contar no sólo qué pasa sino el por qué, el para qué, el cómo, el dónde y el cuándo suceden las cosas.

Mis “contratos” no han pasado de ser nunca de temporales. No he trabajado en grandes periódicos en mi vida. Ahora entiendo que no debo sentirme tan desafortunado como creía. No vivo de mi profesión. Aunque seguiré luchando porque no sea así, tengo asumido que será un hobby al que me dedicaré en mi tiempo libre, pero no por ello me siento menos periodista que el que trabaja en un gran medio”. ¿Por qué? Muy sencillo. A mi no me van a tachar un titular, ni me van a eliminar un párrafo, ni me van a prohibir llamar las cosas por su nombre. Tengo absoluta libertad para escribir. Tan sólo me guío por métodos periodísticos profesionales. ¿Para qué quiero ser una periodista con un programa de máxima audiencia si voy a llamar crisis a una estafa?

Ya lo dijo Rosa María Calaf en una conferencia que impartió en Granada. No voy a colaborar en anestesiar a los ciudadanos a golpe de eufemismos. ¿Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades o nos han estafado por encima de nuestras posibilidades? No voy a llamar “retos o desafíos” a los problemas. No voy a llamar “economía libre de mercado” a la economía de mercado corporativo-monopolio de derroche y destrucción de derechos que tenemos. No voy a llamar “copago” al repago. No voy a llamar “ajustes o medidas de ahorro” a los recortes. No voy a llamar “ponderación fiscal” a la subida de impuestos. No voy a llamar “recarga temporal de solidaridad” a la subida de IRPF. No voy a llamar “reorganización de servicios públicos” a la privatización. No voy a llamar “reforma laboral para crear empleo” al abaratamiento del despido. No voy a llamar “rescate” a una intervención. No voy a llamar “devaluación competitiva de los salarios” a bajar el sueldo. No voy a llamar “impacto asimétrico de la crisis” a algo que afecta a los más pobre. No voy a llamar “tasa de crecimiento negativo” a la recesión. Y no, no son “ERES”, son despidos. No es una “severa desaceleración o crisis económica” sino una estafa descomunal de la que, como periodista, no me quiero sentir cómplice.

Y tú ¿haces o no haces periodismo?